PRINCIPIOS DE LA ÉTICA EN INTERNET
Bernhard Debatin
Conferencia en el marco del Seminario “Ética e Internet”
Instituto Goethe (Montevideo – Uruguay), 1999
Traducción: Dieter Schonebohm
Una conferencia sobre la relación entre Ética e Internet resulta fácil y difícil a la vez: Por un lado, los problemas y peligros del Internet son el tema de una amplia discusión pública, pero por el otro, en muchas ocasiones esta discusión carece de la información necesaria acerca del Internet así como de criterios definidos para la valoración de los problemas. Esta situación se da por tres razones principales:
En primer lugar, el Internet (y muy especialmente el World Wide Web) se ha convertido en un tema que ejerce una fascinación casi mítica capaz de suscitar gran entusiasmo y temor a la vez; esto se debe a la conjunción de tres factores, a saber el manejo sin dificultades, el acceso aparentemente ilimitado al conocimiento y la alta flexibilidad comunicativa. Un repaso de la historia de los medios nos muestra que al parecer, ningún medio "nuevo" se ha escapado de esta ambivalencia entre la euforia y la Apocalipsis.
En segundo lugar, determinados actos delictivos, tales como la violación de barreras de seguridad para acceder a datos secretos o privados, o la difusión de pornografía infantil, se prestan para una tematización espectacular a nivel público. Más allá de su frecuencia e incidencia real, los crímenes y actos inmorales satisfacen plenamente el interés de los medios masivos de comunicación en escándalos y novedades, lo que suele impedir, casi siempre, una discusión de fondo basada en criterios éticos racionales.
En tercer término, la discusión pública sobre la Red permite constatar una notable moralización del debate, al igual que en el caso de otros discursos públicos. Esta moralización implica la referencia a priori a valores y normas irreflexivos, basados en perjuicios, sin que el tema de fondo ni los criterios de juicio fuesen el objeto de una reflexión cuidadosa. Una vez moralizado, el tema ya casi no admite la formación de una opinión diferenciada - el Internet será bueno o malo de por sí.
En síntesis, parece difícil llegar a conclusiones racionales, bien fundadas, acerca del Internet y sus posibilidades y problemas. Todo parece indicar, que la ética (aún) no ha sabido adaptarse a la velocidad, con que el Internet avanza.
Debemos entonces enfocar algunas cuestiones típicamente relacionadas con la ética mediática: ¿Cuáles podrían y deberían ser las características de una ética de los medios para el multimedio Internet? ¿Cuál sería la relevancia de la ética en una red descentralizada, sin restricciones de acceso y difícil de controlar? ¿Visto el pluralismo de normas y valores especialmente difundido en Internet, podrán ser eficaces las normas éticas? ¿Y podrán ser eficaces determinados mecanismos de autoregulación ética de la Red? ¿Cómo se puede lograr una forma de actuar responsable en Internet?
No podré contestar todas estas preguntas satisfactoriamente, por lo que me limitaré a plantear y tratar algunos problemas fundamentales típicos, a modo de ejemplo. Después esbozaré las bases de una posible ética de Internet y enfocaré la temática de la aplicación de normas éticas en relación a determinadas áreas del Internet. Para concluir, intentaré una ponderación de las posibilidades y límites de la autoregulación ética.
1. Las áreas de conflicto: "Digital Divide" y "Digital Content"
En las páginas siguientes quisiera concentrarme en dos áreas problemáticas de gran actualidad. Se trata, en primer lugar, de los problemas del "Digital Divide", es decir, las nuevas formas de acceso desigual a la información que acompañan al Internet y, en segundo término, de la problemática del "Digital Content", referida a la selección, difusión y la adaptación de la información digitalizada. Diferencio tres zonas de problemas en cada una de las áreas de conflicto, que se concentran en determinados problemas característicos.
Acceso desigual a la información: "Digital Divide"
Se trata en primer lugar y fundamentalmente, de la cuestión del acceso a Internet, planteándose el problema de las barreras de acceso de caracter económico, técnico, sociocultural e intercultural. Debido a estas limitaciones, muchas veces solamente una pequeña capa privilegiada de la población tiene acceso a Internet. Esta problemática no se refiere exclusivamente a la situación en un determinado país, sino también a la relación entre los países del así llamado primer, segundo y tercer mundo. De hecho, el problema preexistente del declive de información y del antagonismo "information poor" contra "information rich" ("información para los pobres" contra "información para los ricos") se agudiza ya a nivel del acceso. En última instancia, el acceso a Internet y su utilización están relacionados con las condiciones económicas y sociopolíticas, tanto a nivel micro (p.ej., ¿estoy en condiciones de comprar una computadora que puede ser conectada a la Red?) como a nivel macro (p.ej., ¿la sociedad está en condiciones de proporcionar la infraestructura técnica y educativa necesaria?). A lo largo de los últimos años, el tema del acceso universal fue discutido extensamente en muchos países; aun así no debemos olvidar, que el acceso universal constituye una condición necesaria, pero no suficiente.
Las crecientes posibilidades de acceder a Internet fueron acompañadas por una comercialización específica, con la cual se crean nuevos mercados, pero también nuevos problemas e injusticias. En este contexto debemos mencionar la cuestión de la seguridad de las transacciones financieras en Internet -un tema razonablemente bien resuelto-, pero sobre todo el problema de la creciente orientación de la Red hacia el mercado y los beneficios. La transformación del Internet de un espacio sin fines de lucro en un medio manejado por el mercado no sólo crea nuevos problemas de acceso (p.ej., los así llamados servicios extra y de suscripción); también tiene una influencia decisiva sobre la generación de contenidos y los procesos de selección. Muchos críticos temen, que el Internet se transforme de un medio para la extracción de información ("pull medium") independiente y multifacético -que obliga al usuario a buscar activamente por iniciativa propia- en un medio de imposición ("push medium") orientado hacia el consumo, que depende de las grandes corporaciones y suministra entretenimientos prefabricados e información convencional a los usuarios. Como parte de este proceso de comercialización ya se perfilan algunos puntos de conflicto típicos, tales como la discusión en torno a la publicidad electrónica ("Spamming") y el tele-shopping por red. Este último se considera problemático, sobre todo porque se teme una especie de "compra automática", dado que no se debe cambiar de un medio a otro (a diferencia del tele-shopping tradicional), por lo que se pierde el carácter real de una situación de compra, hecho que puede inducir a decisiones de compra no deseadas. Sin embargo, la cuestión más importante relacionada a la comercialización se refiere a la influencia sobre y predeterminación de las normas técnicas, de la infraestructura y los contenidos de la Red a raíz de procesos económicos. Basta mencionar la implementación de normas de software (véase el conflicto AOL/ Microsoft en torno al "Messenger"), el otorgamiento de dominios de Internet y la preparación de contenidos por parte de empresas, según la demanda del mercado.
Pero aun después de resolver el tema del acceso y de la comercialización persiste el problema de la exceso de información. Por lo general, la enorme cantidad de información disponible en Internet está mal estructurada y se presenta al usuario como una masa de datos inabarcable, anónima e irreal, cuya calidad resulta difícil de evaluar. La complejidad, cantidad y arbitrariedad de la información se corresponde con la desorientación y el agobio de los usuarios. Además, la uniformidad de la superficie de la Red (www) y la velocidad del intercambio de los datos crean la impresión equivocada de confiabilidad y autenticidad. En consecuencia, muchos usuarios adoptan una actitud acrítica y sin criterios en relación a Internet. Según los niveles de formación, competencia mediática y tiempo disponible, una vez más puede abrirse un abismo entre los conocimientos de quienes están en condiciones de servirse de Internet como fuente de conocimientos con competencia y precisión y quienes lo ven sobre todo como algo desordenado, arbitrario y difícil de entender. Por consiguiente, con Internet el problema de la selección de informaciones útiles y su transformación en conocimientos útiles y contextuales se convertirá probablemente en el desafío más importante, tanto para los expertos como para los usuarios comunes.
Selección, difusión y adaptación de la información: "Digital Content"
La principal dificultad que se plantea a la hora de elegir y transformar informaciones en conocimientos relevantes radica en que muchas veces resulta difícil, hasta para usuarios competentes, evaluar la veracidad y confiabilidad de una página web. Esto se debe, en primer lugar, al hecho de que los indicadores de veracidad en Internet actualmente existentes todavía no han alcanzado el grado de exactitud y confiabilidad de aquellos aplicados a los medios tradicionales. A esto hay que agregar, como ya dijimos, que la presentación gráfica de la World Wide Web de por sí crea la ilusión de confiabilidad y autenticidad, dificultándose considerablemente la diferenciación entre las informaciones verídicas y relevantes por un lado, y las inventadas y falsificadas por el otro. El carácter hipertextual del WWW permite integrar contenidos de todo tipo, independiente de su veracidad, en una red autorreferencial de referencias cruzadas, creándose la impresión de una verdad bien documentada. Además, debido a la facilidad para publicar y el anonimato el Internet se constituye en una incubadora perfecta de la difusión descontrolada de chismes y rumores, difamaciones y mentiras, teorías conspirativas y manías. En muchos casos, el Internet no ofrece la posibilidad, esencial para evaluar la veracidad, de atribuir determinados enunciados a un autor específico. La descontextualización originada por el hipertexto agudiza este problema: Una información coherente y válida en un determinado contexto original puede ser utilizada para propósitos diferentes y hasta opuestos en un contexto diferente. De esta manera se genera una tendencia hacia la mezcla, imposible de desentrañar, de la realidad con la virtualidad. Por esto, sobre todo los usuarios deben trabajar en favor de la formación de una competencia mediática crítica, eventualmente complementada por un sistema de autoclasificación voluntaria en cuanto a seriedad y confiabilidad, aunque no se debería pasar por alto el problema de la variedad de criterios y el esfuerzo ocasionado por la clasificación.
Podemos identificar el problema de los contenidos éticamente cuestionables como la segunda zona de problemas. Sabemos, por más tardar desde los tiroteos en algunas escuelas secundarias de los Estados Unidos, que se trata de un problema muy serio, al conocerse el trasfondo espiritual y moral de los jóvenes delincuentes formado por contenidos neonazis y suprematistas tomados de Internet. En términos generales, hay que diferenciar entre los contenidos éticamente cuestionables pero legales, y aquellos éticamente inaceptables e ilegales a la vez. Es cierto, que las normas éticas aplicables sean tan discutibles como las legales, ya que el Internet se juzga según los valores culturales y las legislaciones nacionales aplicados en cada caso. No obstante, podemos diferenciar tres formas principales: en primer lugar, los contenidos moralmente problemáticos, cuyo objetivo es atacar las normas y los valores de otros (incitar al odio -"hate speech", denigrar minorías y personas procedentes de otras culturas); en segundo término, contenidos propagandísticos extremos, que apuntan a la difusión agresiva e intolerante de ideologías radicales (p. ej. extremismo político, fundamentalismo religioso); en tercer lugar, contenidos violentos que desprecian la dignidad y la vida humana (p. ej. imágenes deformantes, pornografía infantil); todos estos contenidos son considerados inmorales en la mayoría de las sociedades y quedan prohibidos. Por supuesto, estas formas se mezclan en la realidad, por lo que en muchos casos su clasificación resulta difícil. En esta zona de problemas se suele plantear un conflicto en última instancia, entre la libertad de expresión y la censura, que llevará casi siempre a la búsqueda de soluciones graduales, acordes con la situación.
Los problemas de la seguridad y el abuso de los datos están relacionados con la zona problemática de los contenidos éticamente cuestionables. Por un lado, el Internet permite, sin restricciones, copiar y adaptar datos, juntar informaciones de todo tipo sobre los usuarios y vincularlas, por ejemplo para elaborar un perfil de usuario. La digitalización facilita el acceso no autorizado a y la manipulación encubierta de datos en gran escala. Estos elementos inciden en la necesidad de una protección eficaz del copyright y de la esfera privada, por ejemplo a través de restricciones de ingreso, "marcas de agua" digitales (steganografía) y codificación de datos (criptografía). Por el otro lado, la digitalización de la información facilita también el abuso sistemático a través de la difusión y manipulación no controlada de los datos; la falta casi total de obstáculos para la publicación y la transferencia digital de datos comprimidos facilitan la difusión y el almacenamiento rápido y anónimo de textos, imágenes y sonidos inofensivos, pero también del extremismo político, y la pornografía violenta e infantil. En este contexto se plantea un conflicto ético en última instancia, entre la necesidad indiscutible de disponer de tecnologías de codificación contra el acceso no autorizado a determinados datos y la utilización de estas tecnologías con la finalidad de encubrir actividades éticamente cuestionables o delictivas.
2. Fundamentación y aplicación de una ética en Internet
Después de este breve resumen de áreas de conflicto típicas en relación al Internet pasaré a discutir las posibilidades para la fundamentación y aplicación de una ética en Internet.
El problema de la fundamentación
Desde el mundo de nuestras experiencias directas nos acostumbramos a adjudicar las acciones y sus consecuencias a las personas actuantes, a las que responsabilizamos por aquellas. Esta responsabilidad tiene dos caras: Así como la persona responsable debe aceptar y asumirla desde el principio, eventuales reclamos posteriores intentarán a hacerla valer; cuando algo anda mal, alguien tendrá que rendir cuentas. Sucede que en el mundo de las experiencias indirectas de Internet esta ética de la responsabilidad personal se encuentra tan poco como en otros contextos sistémicos. La regla general parece ser: Cuanto más complejo una organización o un sistema, menores y menos definidas las responsabilidades. En la gran red Internet nadie parece tener responsabilidad alguna. De esta manera se plantea la pregunta acerca de la fundamentación y realización eficaz de una ética en Internet.
Apoyándose en la teoría sociológica de los roles y la moderna filosofía del lenguaje la ética comunicativa puso en evidencia la generación de fuerzas de cohesión y de normas sociales durante la comunicación entre personas, las cuales inciden como mecanismos de conducción, a nivel práctico, y pueden servir de punto de partida para fundamentar una ética, a nivel teórico. En efecto, la comunicación es a la vez, el espacio donde las normas éticas cobran vigencia y se negocian; es decir, no solamente el objeto de la comunicación, sino también las condiciones y reglas de la comunicación deben ser negociado a nivel comunicativo. Llegamos al fundamento de la comunicación: Quien decide participar sinceramente en una comunicación con la finalidad de llegar a un entendimiento, no tiene otra opción que otorgar a su socio de comunicación los mismos derechos comunicativos que reclama para si mismo/a. Desde esta perspectiva será posible derivar las normas de la igualdad de participación en la comunicación y del respeto mutuo -en términos generales: de equidad y de solidaridad- de la práctica cotidiana de la comunicación. A pesar de que estas normas de la comunicación entre personas no pueden ser aplicadas directamente a otras formas de comunicación, podrán servir como punto de partida: En el ámbito de la ética de los medios las normas fundamentales de la equidad y la solidaridad se concretan en los derechos de la comunicación, a saber las normas de la libertad universal de expresión y opinión (mandato de tolerancia y diversidad), de la libertad de y equidad de acceso a la información (cobertura básica y disponibilidad), y de la autodeterminación y atribución en materia de información (autonomía y responsabilidad). Estas normas se han plasmado en muchos textos legales (la Declaración Universal de los Derechos Humanos, diferentes constituciones nacionales, leyes específicas) y pueden ser entendido como la base de la ética en Internet.
El problema de al aplicación
Una ética, cuya aplicabilidad práctica no se puede demostrar, no tendrá contenido ni efecto. A continuación enfocaré la implementación práctica de una ética comunicativa en Internet. Esta ética se plasma en códigos éticos para individuos y medios, que operan como orientación para los usuarios en distintos ámbitos del Internet. Cabe mencionar asimismo los intentos de instalar gremios de autoregulación en la Red (p. ej., consejos de medios para Internet y comités de gestión ["gouvernance"]), con el propósito de posibilitar una forma eficiente y autónoma a la vez de la autogestión y autoregulación de la Red. Sin embargo, hasta el momento muchos intentos de esta índole se asemejan más a grupos de presión empresarial que a órganos autónomos de autoregulación y no cumplen con su objetivo. Por consiguiente, me gustaría concentrarme a continuación en las normas de la ética en los medios y enfocar cuatro áreas centrales de actividad en Internet para demostrar la incidencia de estas normas en Internet y los problemas surgidos paralelamente:
Las normas básicas de la comunicación entre personas se manifiestan con mucha claridad en el área de la comunicación privada en línea; pensemos en las diferentes versiones de la etiqueta, las "chat-policies" y las formas de ayuda, tendientes a regular el comportamiento en los MUDs y MOOs. Con frecuencia, el respecto de los demás, la participación equitativa en la comunicación y la reciprocidad son objeto y base de la comunicación, tanto en los foros y listas de discusión como en los debates en torno a los contenidos. No obstante, las normas cotidianas implícitas no resultan tan eficaces para la regulación de la comunicación entre personas en Internet como para la comunicación inmediata, durante la cual el otro participante en la comunicación está físicamente presente y puede ser llamado a rendir cuentas directamente. En más de un caso, la falta de recursos de expresión noverbal y paraverbal, junto a una adhesión reducida a determinados roles en comparación con la comunicación directa, redundan en una reducción de las barreras psicológicas y hacen necesaria una regulación explícita orientada en principios éticos. Según nuestras observaciones, en muchas áreas de la comunicación privada en línea la sanción de normas éticas (sobre todo, códigos de ética) resulta apropiada para hacer efectiva una orientación moral en la práctica. Sin embargo, subsiste el problema del anonimato y del carácter pasajero de los contactos en Internet; ambos facilitan y hasta favorecen actos éticamente cuestionables. Probablemente el establecimiento de relaciones más duraderas y confiables en Internet podrá contrarrestar esta tendencia, de modo de sustituir los contactos anónimos por redes de relaciones sociales ("cyberhoods" - "vecindarios cibernéticos").
Lo mismo ocurre en el área de acción de la comunicación científica, ya que en los foros de discusión académica y de intercambio de conocimientos e información las normas de la posibilidad de verificación, la reputación y la credibilidad resultan tan centrales y necesarias como el respeto del autor y la seriedad de la discusión científica. La confianza necesaria para la comunicación dependerá del respeto de estas normas, las cuales además deben ser verificables. Paralelamente estas normas pueden ser relacionadas con códigos éticos existentes en las ciencias, incluyendo las sanciones previstas por ellos. Pero se debe tener en cuenta, que el anonimato tan característico para Internet, la falta importante de vínculos institucionales y la casi ausencia de impedimentos para publicar tienden a facilitar la publicación de enunciados dudosos, falsos y pseudocientíficos, especialmente porque los controles reales de calidad son casi inexistentes. Un problema adicional se plantea a raíz del creciente volumen de publicaciones académicas en Internet. Estas publicaciones ya habían alcanzado dimensiones inabarcables en su versión impresa convencional. En términos generales, también en este área se tendrá que instrumentar una regulación a través de normas y sanciones morales (p. ej., la inclusión de códigos en las listas de envíos académicos etc.), así como un sistema mejorado y más diferenciado de selección y evaluación de publicaciones (p. ej., a través de revisiones mutuas etc.).
También en el área de la comunicación comercial se requiere de confianza como condición necesaria para el éxito de transacciones en Internet. Con la introducción de las tarjetas de crédito en Internet esta confianza se crea, por lo menos en parte, a través del mecanismo del dinero y el uso de los mecanismos de control vinculados al mismo. En este sentido interviene asimismo la comunicación empresarial, sobre todo la información a los clientes, el marketing y la publicidad. Sin embargo, el ejemplo de los datos extraídos de la Red y la publicidad sirve también para demostrar que éstos se vuelven contraproducentes cuando interfieren demasiado con la esfera privada de los clientes (la problemática de la privacidad y del spamming!). En estos casos la falta de respeto hacia los derechos de la comunicación se puede traducir directamente en una pérdida de confianza y por consiguiente, en pérdidas económicas o por lo menos de imagen. También por esta razón, la privacidad y el spamming se han convertido en temas centrales de la discusión en torno a Internet. En este contexto se plantea como un problema adicional, que en la Red, al igual que en la realidad en general, no se ha resuelto todavía el conflicto entre la maximización de los beneficios y la justicia distributiva; en ambos casos la ética empresarial y comercial se plantea a menudo como una simple técnica para mejorar la imagen. Por consiguiente, una ética eficaz en Internet solamente puede establecerse conjuntamente con una ética comercial eficiente.
También el tema de la comunicación masiva en Internet se presenta como un asunto delicado. Existen muchos servicios de información en línea de dudosa calidad, el Internet es visto como una gran cocina de rumores (véase el caso Clinton/Levinsky), que facilita la publicación de cuanta información se quisiera difundir. Para evitar la aplicación de una censura externa parece imponerse la idea de una autoregulación según principios éticos, aunque resultará difícil su realización. La autoclasificación voluntaria y verificable de ofertas en Internet podría entenderse como un paso en esta dirección. Sin embargo, resultan problemáticas las clasificaciones de este tipo, que se incorporan también a la software de filtro para la protección de menores, porque tanto los criterios de clasificación como su confiabilidad pueden ser dudosos o difíciles de verificar. A raíz de su creciente presencia en Internet, quizás los medios masivos "clásicos" podrían proporcionar una solución diferente al problema. En el nuevo contexto podrán cumplir la importante función de una selección de información en base a los criterios de reputación y credibilidad. Paralelamente se establecieron medios que operan exclusivamente en línea y que se ganaron credibilidad y competencia selectiva a raíz de su práctica seria en la Red (p. ej., la revista alemana Telepolis). De esta forma, determinadas máximas claves de la ética periodística, tales como la orientación hacia la verdad y el trabajo crítico, la búsqueda y elaboración responsable de la información y el respeto a la esfera privada, se podrán implementar tanto en Internet como fuera de la Red.
3. Conclusión: Posibilidades y límites de la autoregulación ética
El estudio de las diferentes áreas de actividad en la Red puso de manifiesto el surgimiento de diferentes mecanismos de autoregulación normativa, de acuerdo a las exigencias sociales y técnicas planteadas. Una autoregulación con bases éticas de este tipo descansa en la aceptación voluntaria de determinados valores y normas éticos. Debido a su fundamentación en la razón y la decisión voluntaria esta forma de regulación resulta comparadamente ineficaz. Por regla general, solamente puede sancionar indirectamente, apoyándose en la reputación pública y la presión social. En muchos casos se complementa con la amenaza de la exclusión o la pérdida de la pertenencia (p. ej., en Internet Support Provider o en los foros de Internet). No obstante, la eficiencia fundamental de este mecanismo de regulación radica justamente en su carácter voluntario; la razón y la convicción pueden motivar determinados comportamientos y formas de actuar.
Otro punto en favor de la autoregulación se refiere a su aplicación a áreas (parcialmente) fuera del alcance de otros mecanismos de regulación (tales como el derecho o el dinero). En este sentido, la ética no solamente debe regular aquellos ámbitos que escapan a la influencia de otros medios de regulación; también debe evaluar estos medios en términos de adecuación y compatibilidad, teniendo en cuenta que la política, el derecho y el dinero no tienen que regular todo aquello que pueden regular.
La importancia de la regulación política y jurídica radica en su capacidad de intervenir y ordenar las estructuras y procesos de la Red para crear las condiciones generales, que faciliten y regulen la actividad concreta de los usuarios. Pero un exceso de regulación legal convierte este punto fuerte en un elemento contraproducente, al competir con otras necesidades y valores. La censura es el ejemplo clásico, ya que todo tipo de censura interviene en la libertad de expresión y opinión, restringiendo los derechos básicos de la comunicación. Siempre será preferible una auto regulación ética que aplique sus propios criterios (éticos) internos para separar determinados contenidos problemáticos antes de la intervención legal, por más que en los casos concretos se generen conflictos repetidos.
De la misma manera, el mecanismo del mercado no siempre resulta adecuado y puede llegar a convertirse en contraproducente, cuando pasa por alto otras necesidades, valores y normas igualmente relevantes. Es sabido, que una economía capitalista de mercado sin un elemento social fuerte tiende a convertirse en un capitalismo inhumano; a la luz de los procesos de globalización e integración de la comunicación en escala global a través del Internet este hecho cobra una renovada actualidad. Porque tanto en la Red como en términos reales, la confianza casi ingenua en el liberalismo económico sin límites lleva, antes que nada, a una lucha de intereses según las reglas del darvinismo social. Por esta razón, el debate público con un fundamento ético acerca de los mecanismos del mercado y sus influencias y efectos sobre el Internet resultan indispensables.
A modo de conclusión, quisiera remarcar, que la ética en Internet no representa un emprendimiento meramente teórico, sino sobre todo una tarea práctica que debe ser asumida por cada individuo, las instituciones y la sociedad en general. Por esta razón, las posibilidades y límites de la ética en Internet y de la autoregulación ética radican también en la redefinición permanente de las propias posibilidades y limites durante el debate concreto.
Bernhard Debatin
Conferencia en el marco del Seminario “Ética e Internet”
Instituto Goethe (Montevideo – Uruguay), 1999
Traducción: Dieter Schonebohm
Una conferencia sobre la relación entre Ética e Internet resulta fácil y difícil a la vez: Por un lado, los problemas y peligros del Internet son el tema de una amplia discusión pública, pero por el otro, en muchas ocasiones esta discusión carece de la información necesaria acerca del Internet así como de criterios definidos para la valoración de los problemas. Esta situación se da por tres razones principales:
En primer lugar, el Internet (y muy especialmente el World Wide Web) se ha convertido en un tema que ejerce una fascinación casi mítica capaz de suscitar gran entusiasmo y temor a la vez; esto se debe a la conjunción de tres factores, a saber el manejo sin dificultades, el acceso aparentemente ilimitado al conocimiento y la alta flexibilidad comunicativa. Un repaso de la historia de los medios nos muestra que al parecer, ningún medio "nuevo" se ha escapado de esta ambivalencia entre la euforia y la Apocalipsis.
En segundo lugar, determinados actos delictivos, tales como la violación de barreras de seguridad para acceder a datos secretos o privados, o la difusión de pornografía infantil, se prestan para una tematización espectacular a nivel público. Más allá de su frecuencia e incidencia real, los crímenes y actos inmorales satisfacen plenamente el interés de los medios masivos de comunicación en escándalos y novedades, lo que suele impedir, casi siempre, una discusión de fondo basada en criterios éticos racionales.
En tercer término, la discusión pública sobre la Red permite constatar una notable moralización del debate, al igual que en el caso de otros discursos públicos. Esta moralización implica la referencia a priori a valores y normas irreflexivos, basados en perjuicios, sin que el tema de fondo ni los criterios de juicio fuesen el objeto de una reflexión cuidadosa. Una vez moralizado, el tema ya casi no admite la formación de una opinión diferenciada - el Internet será bueno o malo de por sí.
En síntesis, parece difícil llegar a conclusiones racionales, bien fundadas, acerca del Internet y sus posibilidades y problemas. Todo parece indicar, que la ética (aún) no ha sabido adaptarse a la velocidad, con que el Internet avanza.
Debemos entonces enfocar algunas cuestiones típicamente relacionadas con la ética mediática: ¿Cuáles podrían y deberían ser las características de una ética de los medios para el multimedio Internet? ¿Cuál sería la relevancia de la ética en una red descentralizada, sin restricciones de acceso y difícil de controlar? ¿Visto el pluralismo de normas y valores especialmente difundido en Internet, podrán ser eficaces las normas éticas? ¿Y podrán ser eficaces determinados mecanismos de autoregulación ética de la Red? ¿Cómo se puede lograr una forma de actuar responsable en Internet?
No podré contestar todas estas preguntas satisfactoriamente, por lo que me limitaré a plantear y tratar algunos problemas fundamentales típicos, a modo de ejemplo. Después esbozaré las bases de una posible ética de Internet y enfocaré la temática de la aplicación de normas éticas en relación a determinadas áreas del Internet. Para concluir, intentaré una ponderación de las posibilidades y límites de la autoregulación ética.
1. Las áreas de conflicto: "Digital Divide" y "Digital Content"
En las páginas siguientes quisiera concentrarme en dos áreas problemáticas de gran actualidad. Se trata, en primer lugar, de los problemas del "Digital Divide", es decir, las nuevas formas de acceso desigual a la información que acompañan al Internet y, en segundo término, de la problemática del "Digital Content", referida a la selección, difusión y la adaptación de la información digitalizada. Diferencio tres zonas de problemas en cada una de las áreas de conflicto, que se concentran en determinados problemas característicos.
Acceso desigual a la información: "Digital Divide"
Se trata en primer lugar y fundamentalmente, de la cuestión del acceso a Internet, planteándose el problema de las barreras de acceso de caracter económico, técnico, sociocultural e intercultural. Debido a estas limitaciones, muchas veces solamente una pequeña capa privilegiada de la población tiene acceso a Internet. Esta problemática no se refiere exclusivamente a la situación en un determinado país, sino también a la relación entre los países del así llamado primer, segundo y tercer mundo. De hecho, el problema preexistente del declive de información y del antagonismo "information poor" contra "information rich" ("información para los pobres" contra "información para los ricos") se agudiza ya a nivel del acceso. En última instancia, el acceso a Internet y su utilización están relacionados con las condiciones económicas y sociopolíticas, tanto a nivel micro (p.ej., ¿estoy en condiciones de comprar una computadora que puede ser conectada a la Red?) como a nivel macro (p.ej., ¿la sociedad está en condiciones de proporcionar la infraestructura técnica y educativa necesaria?). A lo largo de los últimos años, el tema del acceso universal fue discutido extensamente en muchos países; aun así no debemos olvidar, que el acceso universal constituye una condición necesaria, pero no suficiente.
Las crecientes posibilidades de acceder a Internet fueron acompañadas por una comercialización específica, con la cual se crean nuevos mercados, pero también nuevos problemas e injusticias. En este contexto debemos mencionar la cuestión de la seguridad de las transacciones financieras en Internet -un tema razonablemente bien resuelto-, pero sobre todo el problema de la creciente orientación de la Red hacia el mercado y los beneficios. La transformación del Internet de un espacio sin fines de lucro en un medio manejado por el mercado no sólo crea nuevos problemas de acceso (p.ej., los así llamados servicios extra y de suscripción); también tiene una influencia decisiva sobre la generación de contenidos y los procesos de selección. Muchos críticos temen, que el Internet se transforme de un medio para la extracción de información ("pull medium") independiente y multifacético -que obliga al usuario a buscar activamente por iniciativa propia- en un medio de imposición ("push medium") orientado hacia el consumo, que depende de las grandes corporaciones y suministra entretenimientos prefabricados e información convencional a los usuarios. Como parte de este proceso de comercialización ya se perfilan algunos puntos de conflicto típicos, tales como la discusión en torno a la publicidad electrónica ("Spamming") y el tele-shopping por red. Este último se considera problemático, sobre todo porque se teme una especie de "compra automática", dado que no se debe cambiar de un medio a otro (a diferencia del tele-shopping tradicional), por lo que se pierde el carácter real de una situación de compra, hecho que puede inducir a decisiones de compra no deseadas. Sin embargo, la cuestión más importante relacionada a la comercialización se refiere a la influencia sobre y predeterminación de las normas técnicas, de la infraestructura y los contenidos de la Red a raíz de procesos económicos. Basta mencionar la implementación de normas de software (véase el conflicto AOL/ Microsoft en torno al "Messenger"), el otorgamiento de dominios de Internet y la preparación de contenidos por parte de empresas, según la demanda del mercado.
Pero aun después de resolver el tema del acceso y de la comercialización persiste el problema de la exceso de información. Por lo general, la enorme cantidad de información disponible en Internet está mal estructurada y se presenta al usuario como una masa de datos inabarcable, anónima e irreal, cuya calidad resulta difícil de evaluar. La complejidad, cantidad y arbitrariedad de la información se corresponde con la desorientación y el agobio de los usuarios. Además, la uniformidad de la superficie de la Red (www) y la velocidad del intercambio de los datos crean la impresión equivocada de confiabilidad y autenticidad. En consecuencia, muchos usuarios adoptan una actitud acrítica y sin criterios en relación a Internet. Según los niveles de formación, competencia mediática y tiempo disponible, una vez más puede abrirse un abismo entre los conocimientos de quienes están en condiciones de servirse de Internet como fuente de conocimientos con competencia y precisión y quienes lo ven sobre todo como algo desordenado, arbitrario y difícil de entender. Por consiguiente, con Internet el problema de la selección de informaciones útiles y su transformación en conocimientos útiles y contextuales se convertirá probablemente en el desafío más importante, tanto para los expertos como para los usuarios comunes.
Selección, difusión y adaptación de la información: "Digital Content"
La principal dificultad que se plantea a la hora de elegir y transformar informaciones en conocimientos relevantes radica en que muchas veces resulta difícil, hasta para usuarios competentes, evaluar la veracidad y confiabilidad de una página web. Esto se debe, en primer lugar, al hecho de que los indicadores de veracidad en Internet actualmente existentes todavía no han alcanzado el grado de exactitud y confiabilidad de aquellos aplicados a los medios tradicionales. A esto hay que agregar, como ya dijimos, que la presentación gráfica de la World Wide Web de por sí crea la ilusión de confiabilidad y autenticidad, dificultándose considerablemente la diferenciación entre las informaciones verídicas y relevantes por un lado, y las inventadas y falsificadas por el otro. El carácter hipertextual del WWW permite integrar contenidos de todo tipo, independiente de su veracidad, en una red autorreferencial de referencias cruzadas, creándose la impresión de una verdad bien documentada. Además, debido a la facilidad para publicar y el anonimato el Internet se constituye en una incubadora perfecta de la difusión descontrolada de chismes y rumores, difamaciones y mentiras, teorías conspirativas y manías. En muchos casos, el Internet no ofrece la posibilidad, esencial para evaluar la veracidad, de atribuir determinados enunciados a un autor específico. La descontextualización originada por el hipertexto agudiza este problema: Una información coherente y válida en un determinado contexto original puede ser utilizada para propósitos diferentes y hasta opuestos en un contexto diferente. De esta manera se genera una tendencia hacia la mezcla, imposible de desentrañar, de la realidad con la virtualidad. Por esto, sobre todo los usuarios deben trabajar en favor de la formación de una competencia mediática crítica, eventualmente complementada por un sistema de autoclasificación voluntaria en cuanto a seriedad y confiabilidad, aunque no se debería pasar por alto el problema de la variedad de criterios y el esfuerzo ocasionado por la clasificación.
Podemos identificar el problema de los contenidos éticamente cuestionables como la segunda zona de problemas. Sabemos, por más tardar desde los tiroteos en algunas escuelas secundarias de los Estados Unidos, que se trata de un problema muy serio, al conocerse el trasfondo espiritual y moral de los jóvenes delincuentes formado por contenidos neonazis y suprematistas tomados de Internet. En términos generales, hay que diferenciar entre los contenidos éticamente cuestionables pero legales, y aquellos éticamente inaceptables e ilegales a la vez. Es cierto, que las normas éticas aplicables sean tan discutibles como las legales, ya que el Internet se juzga según los valores culturales y las legislaciones nacionales aplicados en cada caso. No obstante, podemos diferenciar tres formas principales: en primer lugar, los contenidos moralmente problemáticos, cuyo objetivo es atacar las normas y los valores de otros (incitar al odio -"hate speech", denigrar minorías y personas procedentes de otras culturas); en segundo término, contenidos propagandísticos extremos, que apuntan a la difusión agresiva e intolerante de ideologías radicales (p. ej. extremismo político, fundamentalismo religioso); en tercer lugar, contenidos violentos que desprecian la dignidad y la vida humana (p. ej. imágenes deformantes, pornografía infantil); todos estos contenidos son considerados inmorales en la mayoría de las sociedades y quedan prohibidos. Por supuesto, estas formas se mezclan en la realidad, por lo que en muchos casos su clasificación resulta difícil. En esta zona de problemas se suele plantear un conflicto en última instancia, entre la libertad de expresión y la censura, que llevará casi siempre a la búsqueda de soluciones graduales, acordes con la situación.
Los problemas de la seguridad y el abuso de los datos están relacionados con la zona problemática de los contenidos éticamente cuestionables. Por un lado, el Internet permite, sin restricciones, copiar y adaptar datos, juntar informaciones de todo tipo sobre los usuarios y vincularlas, por ejemplo para elaborar un perfil de usuario. La digitalización facilita el acceso no autorizado a y la manipulación encubierta de datos en gran escala. Estos elementos inciden en la necesidad de una protección eficaz del copyright y de la esfera privada, por ejemplo a través de restricciones de ingreso, "marcas de agua" digitales (steganografía) y codificación de datos (criptografía). Por el otro lado, la digitalización de la información facilita también el abuso sistemático a través de la difusión y manipulación no controlada de los datos; la falta casi total de obstáculos para la publicación y la transferencia digital de datos comprimidos facilitan la difusión y el almacenamiento rápido y anónimo de textos, imágenes y sonidos inofensivos, pero también del extremismo político, y la pornografía violenta e infantil. En este contexto se plantea un conflicto ético en última instancia, entre la necesidad indiscutible de disponer de tecnologías de codificación contra el acceso no autorizado a determinados datos y la utilización de estas tecnologías con la finalidad de encubrir actividades éticamente cuestionables o delictivas.
2. Fundamentación y aplicación de una ética en Internet
Después de este breve resumen de áreas de conflicto típicas en relación al Internet pasaré a discutir las posibilidades para la fundamentación y aplicación de una ética en Internet.
El problema de la fundamentación
Desde el mundo de nuestras experiencias directas nos acostumbramos a adjudicar las acciones y sus consecuencias a las personas actuantes, a las que responsabilizamos por aquellas. Esta responsabilidad tiene dos caras: Así como la persona responsable debe aceptar y asumirla desde el principio, eventuales reclamos posteriores intentarán a hacerla valer; cuando algo anda mal, alguien tendrá que rendir cuentas. Sucede que en el mundo de las experiencias indirectas de Internet esta ética de la responsabilidad personal se encuentra tan poco como en otros contextos sistémicos. La regla general parece ser: Cuanto más complejo una organización o un sistema, menores y menos definidas las responsabilidades. En la gran red Internet nadie parece tener responsabilidad alguna. De esta manera se plantea la pregunta acerca de la fundamentación y realización eficaz de una ética en Internet.
Apoyándose en la teoría sociológica de los roles y la moderna filosofía del lenguaje la ética comunicativa puso en evidencia la generación de fuerzas de cohesión y de normas sociales durante la comunicación entre personas, las cuales inciden como mecanismos de conducción, a nivel práctico, y pueden servir de punto de partida para fundamentar una ética, a nivel teórico. En efecto, la comunicación es a la vez, el espacio donde las normas éticas cobran vigencia y se negocian; es decir, no solamente el objeto de la comunicación, sino también las condiciones y reglas de la comunicación deben ser negociado a nivel comunicativo. Llegamos al fundamento de la comunicación: Quien decide participar sinceramente en una comunicación con la finalidad de llegar a un entendimiento, no tiene otra opción que otorgar a su socio de comunicación los mismos derechos comunicativos que reclama para si mismo/a. Desde esta perspectiva será posible derivar las normas de la igualdad de participación en la comunicación y del respeto mutuo -en términos generales: de equidad y de solidaridad- de la práctica cotidiana de la comunicación. A pesar de que estas normas de la comunicación entre personas no pueden ser aplicadas directamente a otras formas de comunicación, podrán servir como punto de partida: En el ámbito de la ética de los medios las normas fundamentales de la equidad y la solidaridad se concretan en los derechos de la comunicación, a saber las normas de la libertad universal de expresión y opinión (mandato de tolerancia y diversidad), de la libertad de y equidad de acceso a la información (cobertura básica y disponibilidad), y de la autodeterminación y atribución en materia de información (autonomía y responsabilidad). Estas normas se han plasmado en muchos textos legales (la Declaración Universal de los Derechos Humanos, diferentes constituciones nacionales, leyes específicas) y pueden ser entendido como la base de la ética en Internet.
El problema de al aplicación
Una ética, cuya aplicabilidad práctica no se puede demostrar, no tendrá contenido ni efecto. A continuación enfocaré la implementación práctica de una ética comunicativa en Internet. Esta ética se plasma en códigos éticos para individuos y medios, que operan como orientación para los usuarios en distintos ámbitos del Internet. Cabe mencionar asimismo los intentos de instalar gremios de autoregulación en la Red (p. ej., consejos de medios para Internet y comités de gestión ["gouvernance"]), con el propósito de posibilitar una forma eficiente y autónoma a la vez de la autogestión y autoregulación de la Red. Sin embargo, hasta el momento muchos intentos de esta índole se asemejan más a grupos de presión empresarial que a órganos autónomos de autoregulación y no cumplen con su objetivo. Por consiguiente, me gustaría concentrarme a continuación en las normas de la ética en los medios y enfocar cuatro áreas centrales de actividad en Internet para demostrar la incidencia de estas normas en Internet y los problemas surgidos paralelamente:
Las normas básicas de la comunicación entre personas se manifiestan con mucha claridad en el área de la comunicación privada en línea; pensemos en las diferentes versiones de la etiqueta, las "chat-policies" y las formas de ayuda, tendientes a regular el comportamiento en los MUDs y MOOs. Con frecuencia, el respecto de los demás, la participación equitativa en la comunicación y la reciprocidad son objeto y base de la comunicación, tanto en los foros y listas de discusión como en los debates en torno a los contenidos. No obstante, las normas cotidianas implícitas no resultan tan eficaces para la regulación de la comunicación entre personas en Internet como para la comunicación inmediata, durante la cual el otro participante en la comunicación está físicamente presente y puede ser llamado a rendir cuentas directamente. En más de un caso, la falta de recursos de expresión noverbal y paraverbal, junto a una adhesión reducida a determinados roles en comparación con la comunicación directa, redundan en una reducción de las barreras psicológicas y hacen necesaria una regulación explícita orientada en principios éticos. Según nuestras observaciones, en muchas áreas de la comunicación privada en línea la sanción de normas éticas (sobre todo, códigos de ética) resulta apropiada para hacer efectiva una orientación moral en la práctica. Sin embargo, subsiste el problema del anonimato y del carácter pasajero de los contactos en Internet; ambos facilitan y hasta favorecen actos éticamente cuestionables. Probablemente el establecimiento de relaciones más duraderas y confiables en Internet podrá contrarrestar esta tendencia, de modo de sustituir los contactos anónimos por redes de relaciones sociales ("cyberhoods" - "vecindarios cibernéticos").
Lo mismo ocurre en el área de acción de la comunicación científica, ya que en los foros de discusión académica y de intercambio de conocimientos e información las normas de la posibilidad de verificación, la reputación y la credibilidad resultan tan centrales y necesarias como el respeto del autor y la seriedad de la discusión científica. La confianza necesaria para la comunicación dependerá del respeto de estas normas, las cuales además deben ser verificables. Paralelamente estas normas pueden ser relacionadas con códigos éticos existentes en las ciencias, incluyendo las sanciones previstas por ellos. Pero se debe tener en cuenta, que el anonimato tan característico para Internet, la falta importante de vínculos institucionales y la casi ausencia de impedimentos para publicar tienden a facilitar la publicación de enunciados dudosos, falsos y pseudocientíficos, especialmente porque los controles reales de calidad son casi inexistentes. Un problema adicional se plantea a raíz del creciente volumen de publicaciones académicas en Internet. Estas publicaciones ya habían alcanzado dimensiones inabarcables en su versión impresa convencional. En términos generales, también en este área se tendrá que instrumentar una regulación a través de normas y sanciones morales (p. ej., la inclusión de códigos en las listas de envíos académicos etc.), así como un sistema mejorado y más diferenciado de selección y evaluación de publicaciones (p. ej., a través de revisiones mutuas etc.).
También en el área de la comunicación comercial se requiere de confianza como condición necesaria para el éxito de transacciones en Internet. Con la introducción de las tarjetas de crédito en Internet esta confianza se crea, por lo menos en parte, a través del mecanismo del dinero y el uso de los mecanismos de control vinculados al mismo. En este sentido interviene asimismo la comunicación empresarial, sobre todo la información a los clientes, el marketing y la publicidad. Sin embargo, el ejemplo de los datos extraídos de la Red y la publicidad sirve también para demostrar que éstos se vuelven contraproducentes cuando interfieren demasiado con la esfera privada de los clientes (la problemática de la privacidad y del spamming!). En estos casos la falta de respeto hacia los derechos de la comunicación se puede traducir directamente en una pérdida de confianza y por consiguiente, en pérdidas económicas o por lo menos de imagen. También por esta razón, la privacidad y el spamming se han convertido en temas centrales de la discusión en torno a Internet. En este contexto se plantea como un problema adicional, que en la Red, al igual que en la realidad en general, no se ha resuelto todavía el conflicto entre la maximización de los beneficios y la justicia distributiva; en ambos casos la ética empresarial y comercial se plantea a menudo como una simple técnica para mejorar la imagen. Por consiguiente, una ética eficaz en Internet solamente puede establecerse conjuntamente con una ética comercial eficiente.
También el tema de la comunicación masiva en Internet se presenta como un asunto delicado. Existen muchos servicios de información en línea de dudosa calidad, el Internet es visto como una gran cocina de rumores (véase el caso Clinton/Levinsky), que facilita la publicación de cuanta información se quisiera difundir. Para evitar la aplicación de una censura externa parece imponerse la idea de una autoregulación según principios éticos, aunque resultará difícil su realización. La autoclasificación voluntaria y verificable de ofertas en Internet podría entenderse como un paso en esta dirección. Sin embargo, resultan problemáticas las clasificaciones de este tipo, que se incorporan también a la software de filtro para la protección de menores, porque tanto los criterios de clasificación como su confiabilidad pueden ser dudosos o difíciles de verificar. A raíz de su creciente presencia en Internet, quizás los medios masivos "clásicos" podrían proporcionar una solución diferente al problema. En el nuevo contexto podrán cumplir la importante función de una selección de información en base a los criterios de reputación y credibilidad. Paralelamente se establecieron medios que operan exclusivamente en línea y que se ganaron credibilidad y competencia selectiva a raíz de su práctica seria en la Red (p. ej., la revista alemana Telepolis). De esta forma, determinadas máximas claves de la ética periodística, tales como la orientación hacia la verdad y el trabajo crítico, la búsqueda y elaboración responsable de la información y el respeto a la esfera privada, se podrán implementar tanto en Internet como fuera de la Red.
3. Conclusión: Posibilidades y límites de la autoregulación ética
El estudio de las diferentes áreas de actividad en la Red puso de manifiesto el surgimiento de diferentes mecanismos de autoregulación normativa, de acuerdo a las exigencias sociales y técnicas planteadas. Una autoregulación con bases éticas de este tipo descansa en la aceptación voluntaria de determinados valores y normas éticos. Debido a su fundamentación en la razón y la decisión voluntaria esta forma de regulación resulta comparadamente ineficaz. Por regla general, solamente puede sancionar indirectamente, apoyándose en la reputación pública y la presión social. En muchos casos se complementa con la amenaza de la exclusión o la pérdida de la pertenencia (p. ej., en Internet Support Provider o en los foros de Internet). No obstante, la eficiencia fundamental de este mecanismo de regulación radica justamente en su carácter voluntario; la razón y la convicción pueden motivar determinados comportamientos y formas de actuar.
Otro punto en favor de la autoregulación se refiere a su aplicación a áreas (parcialmente) fuera del alcance de otros mecanismos de regulación (tales como el derecho o el dinero). En este sentido, la ética no solamente debe regular aquellos ámbitos que escapan a la influencia de otros medios de regulación; también debe evaluar estos medios en términos de adecuación y compatibilidad, teniendo en cuenta que la política, el derecho y el dinero no tienen que regular todo aquello que pueden regular.
La importancia de la regulación política y jurídica radica en su capacidad de intervenir y ordenar las estructuras y procesos de la Red para crear las condiciones generales, que faciliten y regulen la actividad concreta de los usuarios. Pero un exceso de regulación legal convierte este punto fuerte en un elemento contraproducente, al competir con otras necesidades y valores. La censura es el ejemplo clásico, ya que todo tipo de censura interviene en la libertad de expresión y opinión, restringiendo los derechos básicos de la comunicación. Siempre será preferible una auto regulación ética que aplique sus propios criterios (éticos) internos para separar determinados contenidos problemáticos antes de la intervención legal, por más que en los casos concretos se generen conflictos repetidos.
De la misma manera, el mecanismo del mercado no siempre resulta adecuado y puede llegar a convertirse en contraproducente, cuando pasa por alto otras necesidades, valores y normas igualmente relevantes. Es sabido, que una economía capitalista de mercado sin un elemento social fuerte tiende a convertirse en un capitalismo inhumano; a la luz de los procesos de globalización e integración de la comunicación en escala global a través del Internet este hecho cobra una renovada actualidad. Porque tanto en la Red como en términos reales, la confianza casi ingenua en el liberalismo económico sin límites lleva, antes que nada, a una lucha de intereses según las reglas del darvinismo social. Por esta razón, el debate público con un fundamento ético acerca de los mecanismos del mercado y sus influencias y efectos sobre el Internet resultan indispensables.
A modo de conclusión, quisiera remarcar, que la ética en Internet no representa un emprendimiento meramente teórico, sino sobre todo una tarea práctica que debe ser asumida por cada individuo, las instituciones y la sociedad en general. Por esta razón, las posibilidades y límites de la ética en Internet y de la autoregulación ética radican también en la redefinición permanente de las propias posibilidades y limites durante el debate concreto.
Una de las razones del éxito de las redes sociales online es que hacen posible el ejercicio de la libertad de los seres humanos a niveles nunca antes vividos, salvo en los primeros tiempos de las comunidades originarias.
Hoy en día, gracias a Internet, la última de las herramientas de comunicación que ha hecho posible la masificación de las ideas y su difusión a escala global, más de un tercio de la poblacion mundial está conectada y logra a diario expresarse incluso fuera de su ámbito natural. Y lo que es más importante: seres desconocidos y geográficamente distantes suelen entrar en contacto con otros a lo largo y ancho del planeta, y compartir por el sólo hecho de hacerlo.
Eso es realmente fabuloso.
Sin embargo, la propia dinámica de la interación a menudo pone a prueba el sistema nodal global y en ocasiones lo resiente. Todo ello como consecuencia de las conductas en la red que no se corresponden con la democracia, el buen vivir, con la convivencia pacífica y civilizada. Esas conductas reprochables y mezquinas que van a contramano de la realidad 2.0 que a diario se construye en comunidades globales, diversas y plurales, pero homogéneas en el propósito de compartir.
Cuando eso ocurre, los policías de la red suelen sugerir y adoptar entonces medidas tendientes a la aprobación de instructivos, reglamentos o leyes referidas, por ejemplo, a la privacidad, a la preservación de los datos personales, a la responsabilidad por el uso de contenidos, a la protección de los contenidos creativos, difamación, acoso o cyberbullying, a la protección de la propia imagen, etc, ect.
No dudamos de la eficacia de un control basado en la Ley, pero apostamos en primer término por un sistema de autocontrol basado en la ética. La ética entendida como la reflexión última que cada persona -usuarios de las redes sociales online (RSO) en este caso- asume respecto a los valores o principios morales universales, tales como la Libertad, la Solidaridad, la Justicia, el Bien Común…el Respeto Mútuo.
Un sistema así consagrado tiene su soporte en la moral, no tiene fuerza coactiva ninguna porque pertenece siempre al reino de la libertad. Es apostar al individuo oficiante de las redes sociales online, y al cuidado de sí mismo y por ende del entorno como respuesta social. El cuidado de sí, es ético en sí mismo; pero implica relaciones complejas con los otros, en la medida en que este éthosde la libertad es también una manera de ocuparse de los otros, decía Foucault.
Para eso, propone Savater, hay tres posturas de vida, las cuales -decimos nosotros- son aplicables perfectamente al entorno digital, y particularmente al de las redes sociales online. Veamos:
1. Coraje para vivir.
Erradicando el miedo, los temores ante el otro, la zancadilla, el descrédito, lo cual suele verse en los tl, muros, o boards de las redes sociales online donde se prioriza por la descalificación personal del otro en vez de optar por el disenso basado en la confrontación de las ideas.
2. Generosidad para convivir.
Eso implica ponerse en el lugar del otro, e intentar desde esa perspectiva ofrecer todas las respuestas a nuestra propia inconformidad con el entorno.
3. Prudencia para sobrevivir.
Desarrollando lo mejor de nosotros, creando conciencia tanto de lo que nos hace mejores como de lo que nos pone en riesgo, lo que nos destruye. Ni más ni menos lo que se lee en Macbeth: “Yo me atrevo a lo que se atreve un hombre, quien se atreve a más ya no lo es”.
No pretendemos unas redes sociales exentas de disenso y confrontación. No propiciamos un entorno digital desprovisto de normas legales.
Sin embargo, aspiramos sí, por encima de todas las cosas, un entorno de redes en el que los mecanismos de autoregulación sean cada vez más habituales y efectivos. Mecanismos basados premordialmente en la ética, no en la ley. Pues, concluyendo con Savater, la ética no es sino una estrategia para autoafirmar nuestra vida en cuanto humana, es decir, comunitaria y libre
https://www.youtube.com/watch?v=yClyJB0554Y

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